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Columnas

Nobuhiro Yagi: Comparando

Miércoles 7 Febrero de 2018
Nobuhiro Yagi
Nobuhiro Yagi

Comunicador audiovisual con experiencia en varias productoras así como en programas de televisión. 



Redacción: Nobuhiro Yagi

Dicen que es malo comparar. FALSO. Comparar para ser mejor, no es malo. En Perú, andar a pie o en algún medio de transporte, siempre uno se lleva con la asquerosa desagradable sorpresa de cruzarse con algún individuo que cree que la calle es su tacho de basura: un boleto de bus, un papel del banco, un ticket del restaurante, un papel higiénico usado, etc. Todo esto, que sin mucho alboroto podría ir dentro del bolsillo del pantalón hasta encontrar un tacho de basura, termina en el suelo.  Toparse con la basura del otro, ese es nuestro lema. Y la lógica del peruano es “para eso pago mis impuestos pues”.

En Japón, cruzarse con algún residuo en el suelo es poco común, quizá en las grandes urbes es un poco más, pero nunca tanto como en el Perú. Y es que allá la limpieza es algo que no es visto como una obligación, ya que desde pequeños son instruidos en que ser limpios y hacer la limpieza, es normal. Los colegios no suelen tener personal de mantenimiento, ya que son los mismos alumnos quienes mantienen limpios los salones, y las distintas áreas del colegio. Cada mañana en las fábricas, hay algunas personas que se toman un tiempo de barrer las calles colindantes al centro de labores. Lo mismo pasa con otras empresas, edificios y conjuntos habitacionales, personas ordinarias barriendo los alrededores sin mayor vergüenza.

En Perú, existe en las avenidas principales una papelera cada 2 cuadras en promedio, sin embargo, la gente ahorra pasos y suelta su botella de gaseosa, su envoltura de galleta ahí mismo, donde está parado, total, “alguien lo recogerá”.

En Japón, en las avenidas principales existe una papelera cada 5 o 6 cuadras (con suerte), lo

más común es encontrarse con las papeleras de los “combini” (tiendas de conveniencia).

Pueden comprobarlo visitando Japón y sus calles a través de google maps y street view, ahí verán lo limpias que son las calles y que las papeleras públicas son pocas, poquísimas.

En Perú, la venta de goma de mascar es muy común, como en cualquier país. La diferencia, es que la mala costumbre de escupir los “chicles” (goma de mascar) en cualquier parte, o pegarlo en algún poste, es una práctica tan “normal” que muy pocos entienden que la manera de deshacerse de uno es sacando un papelito cualquiera, escupir la goma de mascar ahí y envolverlo para guardarlo en el bolsillo o tenerlo en la mano hasta encontrar un tacho.

En Japón, la venta de goma de mascar es igual de común. La diferencia, es que estas vienen envueltas en papel, con instrucciones de cómo deshacerse de la goma de mascar, y si vienen en potes, traen un block pequeño de papelitos que se usan para, justamente, botarlos como lo descrito en el párrafo anterior.

En Perú, tomarse la molestia de hacer reciclaje es una cultura de bobos y hipsters, preocuparse por el medio ambiente y la contaminación por la basura, bolsas plásticas y plásticos en general, es una pérdida de tiempo. Muy pocos municipios practican esta cultura del reciclaje y hay muy poca enseñanza a conciencia al respecto.

En Japón, la cultura del reciclaje es incluso una obligación con multas si es que no es acatado. Y es que la preocupación y el respeto por el medio ambiente están muy bien arraigados en los japoneses. El reciclaje es una forma, pero el evitar generar más basura contaminante, es más importante aún. Los supermercados cobran por cada bolsa plástica entregada, por ello ir con bolsas de telas para compras es muy común allá. Y los días de reciclaje, en los que una vez al mes, los distintos distritos organizan una recolección de reciclaje, uno tiene que separar en casa periódicos, revistas y papeles en un grupo, vidrio en otro, plásticos, metal, etc. Y este día se sacan todas estas cosas en un punto designado para que horas más tarde pase el camión de reciclaje por todos los puntos y haga la recolección respectiva.

Comparar no es malo, es hacernos ver cuán poco nos preocupamos por ser un país más desarrollado, más consciente y más respetuoso.

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