Home Columnas Koki Higa: Postular a la universidad

Koki Higa: Postular a la universidad

211
0

“Cuanto mayor es la dificultad, mayor es la gloria”.

(Cicerón)

Recuerdo que, a inicios de la década del noventa, ingresar a la universidad era un acto que iba en contra de las posibilidades estadísticas. Había pocas opciones y una gran cantidad de recientes egresados colegiales que veían el estudio de una carrera universitaria como la mejor opción para forjar su futuro como adultos.

No es una exageración indicar que de cada diez postulantes ingresaba solamente uno. Una locura absurda. Pero así era nuestro país en esa época.

Por ello, todos los postulantes teníamos que sacarnos la mugre preparándonos para ese bendito examen de ingreso. Semanas de preparación memorizando como robots datos inservibles sobre historia universal, historia del Perú, literatura y aprendiendo a resolver problemas matemáticos. Todo ello para superar a otros nueve desesperados.

El examen era el sábado en la mañana y los resultados se publicaban al día siguiente, a las afueras del recinto universitario, en grandes papeles ordenados alfabéticamente. Ya se imaginarán la euforia de los ingresantes y, a su vez, la tristeza de quienes no obtenían la deseada plaza.

La semana pasada conversaba con mi hija menor sobre sus planes de ingresar a una universidad y el proceso de admisión.

—Sí, papi, ya me inscribí por la página web, envié mis papeles escaneados y muy probablemente, debido a mis notas, me programen una entrevista.

—Ahhh, ¡qué bueno! ¿Y para cuándo sería el examen?

—¿Qué examen?

—El examen de ingreso pues, ese momento en que tienes que responder preguntas marcando la mejor opción y luego, según tu clasificación, ver si ingresaste o no.

—Creo que no me toca dar ese examen, pero eso sí, tienes que pagar para que pueda tener la entrevista.

—¿Y luego de esa entrevista te dicen si ingresaste o no a la universidad?

—Sí, te mandan un correo y listo.

O sea que si tienes un promedio aceptable de notas durante la secundaria, te puedes olvidar de memorizar una ingente cantidad de datos inútiles. La verdad que eso me parece excelente.

Intuyo que eso también se debe a una mayor oferta de centros de estudio, no solo a nivel nacional sino también en el extranjero. Imagino que, a lo largo de estas décadas, la proporción se ha invertido: nueve de cada diez egresados del colegio tienen hoy la opción de ingresar a un centro de estudios superior.

Pero, a la vez que la cosa se ha vuelto más fácil, pienso que todas las emociones antes involucradas también se han disipado. ¿Dónde quedará ahora el cansancio de estudiar día y noche, el absoluto terror de ir al examen con su respectiva aflojada de estómago y bajada de presión, la agonía y el pesimismo luego de entregar la hoja de respuestas, la necesaria ingesta excesiva de alcohol el sábado en la noche para celebrar la incertidumbre, la desesperación yendo a ver los resultados, la búsqueda cruel según el apellido y la tristeza infinita al leer “no ingresó” o la absoluta felicidad, acompañada de baño de huevo y harina, al ser uno de los pocos ingresados? (En ambos casos se vuelve a tomar altas cantidades de alcohol, ya sea para olvidar o para celebrar).

Pero, sobre todo, los jóvenes de hoy se pierden ese aprendizaje único (y terrible) de jugarse el futuro en una sola mañana de sábado. Porque quizá la vida sea simplemente una colección de instantes de incertidumbre, donde el miedo y la esperanza siempre viajan de la mano sentados uno al lado del otro.

Previous articleMaya Endo: Cantautora nikkei presentó tema TARU WO SHIRU (足るを知る)
Next articleMarcelo Wong Galla: Resiliencia, arte y el emprendimiento como forma de vida

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here