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Koki Higa: Nuevo libro y mala memoria (y letra)

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“Mi memoria es magnífica para olvidar”.

(Robert Louis Stevenson)

Muchas veces olvidaba dónde había dejado mis llaves. Llegaba a casa y las tiraba en cualquier sitio, a veces incluso las dejaba dentro del bolsillo del pantalón y terminaban en el tacho de la ropa sucia.

Otras veces estaba con el tiempo a las justas y me era imposible encontrar una camiseta de fútbol. Me llenaba de angustia porque esos minutos buscándola significaban llegar tarde al partido y, por ende, ir a la banca.

Había en casa un exceso de recuerdos de matrimonios, bautizos y cumpleaños desperdigados por la sala. Esa acumulación no ayudaba en nada a vivir mejor; por el contrario, era un estorbo.

Esas y muchas situaciones similares están descritas en mi nuevo libro, ¿Has visto mis llaves?, que presenté hace unas semanas.

En él se narra la historia de una familia que vive esas (y otras) circunstancias en su hogar y encuentran una solución implementando el sistema de gestión de origen japonés conocido como las 5S: selección, orden, limpieza, estandarización y disciplina.

El libro ha visto la luz gracias al apoyo del Fondo Editorial La Unión, que forma parte de la Coopse La Unión. Un agradecimiento para todos ellos por la confianza y la buena onda.

Fue una bonita noche la del jueves 7 de mayo y, desde aquí, agradezco también a quienes pudieron asistir, haciendo ese viaje insufrible por Lima en hora punta, soportando tráfico, semáforos y el estrés de nuestra caótica capital.

Pero el tema de este artículo no es tanto mencionar el nuevo libro (que imagino a poca gente debe interesarle) sino un par de cosas de las que me di cuenta durante ese evento.

Luego de los amables discursos llegó el momento de la firma. Los asistentes, libro en mano, hicieron una cola frente a la mesa donde estaba yo (el autor) para saludar y pedir una dedicatoria.

Se acercaba alguien que conocía, pero cuyo nombre había olvidado o quizá solo conocía por su chapa. ¿No les ha pasado?

-Koki, felicitaciones por el libro.-Gracias, ¿a nombre de quién lo dedico?-A mi nombre…

Y ahí empezaban las preguntas internas: “¿Cómo se llamaba este pata o esta chica?”, “¿de dónde lo conozco?”, “¿se ofenderá si le digo que no recuerdo su nombre?”, “¿sentirá que es una falta de interés o amistad?”.

Veo que la cola era larga, me armo de valor (algo raro en mí) me trago mi propio roche y le digo de frente:

-Sale, gomen… ¿cuál era tu nombre?-¡¿Qué?! ¿No te acuerdas? Soy Jorge.-Ah, Jorge, claro que sí.

Entonces tomo el lapicero y escribo en la primera página en blanco:

“Para Jorge, con aprecio y amistad. Koki H.” O algo parecido.

Pero noto que mi mala letra es aún más vergonzosa que mi mala memoria. “Ptm… nadie va a entender esta dedicatoria, ni yo mismo podría leerla”, me digo mientras cierro el libro y sonrío para el selfie respectivo.

Esa falta de memoria apareció de vez en cuando, pero la letra horrorosa estuvo presente en cada uno de los libros, agravada por el apuro de querer atender rápido a todos.

Algo agotado pero contento, de regreso a casa pensaba que vivimos en una época en la que ya poco o nada usamos la escritura a mano. Tal vez, dentro de algunos años, el lapicero se vuelva un objeto inútil y nuestro lenguaje termine siendo únicamente oral y digital, con ambos pulgares golpeando la pantalla del celular.

Y mientras tanto nuestra letra se irá deteriorando hasta volverse ilegible… tal como nuestra memoria.

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Si alguien estuviera interesado en adquirir el libro “¿Has visto mis llaves?”, por favor contactar al Sr. Frank Lozada al correo: fondoeditorial@launion.edu.pe

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