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Koki Higa: Chayanne vendiendo comida para gatos

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“El arte de vivir es el arte de saber creer en las mentiras”.

(Cesare Pavese)

Estaba caminando por la calle y lo vi.
Sí, estaba allí, parado.

Era él mismo, no había duda. Me acerqué con educación y le pedí si podía tomarme una foto.

No me respondió, pero asumí egoístamente que su silencio, en este caso, al menos no era una negación.
Y así salió la foto.

Al toque se la envié a mi familia y a mis amigos: ¡Miren a quién me encontré en la calle!

Era Chayanne, el que fascina a todos con sus enérgicos bailes, el que canta y encanta, el de la sonrisa perfecta y el eterno buen humor. Todo ello descrito, por supuesto, desde la más pura envidia.

Pero ¿qué hacía ese artista (o, para ser precisos, su representación en cartulina) allí, en plena avenida Aviación? Pues nada más y nada menos que promocionando una marca de comida para mascotas. Me imagino que también se le conoce por tener perros y que la empresa fabricante de galletitas para animales domésticos se dio cuenta de ello y lo contrató para que ayudara a vender algunas bolsas más, a cambio de una módica y seguramente generosa suma de dinero.

La publicidad es un arte fascinante.

Tenemos la idea de que los personajes públicos y famosos son seres de otro mundo y que su opinión debería convencernos sobre asuntos completamente ajenos a la especialidad por la que, precisamente, se hicieron famosos.

Ni bien vi ese cartel me pregunté: ¿qué carajo tiene que ver un cantante y bailarín con la venta de comida para mascotas? Lógicamente, muy poco o nada. Pero como les otorgamos a los famosos una especie de aura especial, terminamos creyendo que su imagen y su opinión le dan credibilidad a cualquier producto que tengan entre manos. No dudo de que las ventas de esa empresa hayan subido como la espuma.

Del mismo modo tenemos a un montón de deportistas que sugieren y recomiendan desodorantes, relojes, carros, celulares y un sinfín de otros productos que nada tienen que ver con el fútbol, el básquet o el atletismo.

Pero está bien. Nosotros, los simples seres humanos, somos felices siguiéndolos y haciendo caso a lo que nos digan. Al fin y al cabo, son nuestros ídolos, y a los ídolos se les obedece sin cuestionar.

Así que voy corriendo a la tienda para pedir una bolsa de diez kilos de comida para gatos marca Atrevia. No porque sepa que sea buena para Coco, Chanel o Charlie, sino porque así lo sugiere el boricua.

Y la vida seguirá siempre así, apelando a nuestra necesidad de recibir el consejo iluminado de alguien famoso que de soluciones, mientras nuestros perros y gatos se ríen en silencio de nosotros, pobres seres humanos encandilados por un tiempo de vals y completamente enamorados de una mentira con forma de sonrisa.

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