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Koki Higa: Cierre de una etapa

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“El agradecimiento es la parte principal de un hombre de bien”.

(Francisco de Quevedo

Hoy quiero compartir un evento muy personal.

El pasado miércoles 17 de junio, luego de casi 27 años, la Notaría Higa dejó de atender al público. Semanas atrás el notario, mi padre, debido a su edad y a algunos temas de salud, decidió que había llegado el momento de descansar y presentó su carta de renuncia al Colegio de Notarios de Lima.

De chibolo yo recuerdo claramente sus ganas de ser notario. Postuló tres veces antes de lograrlo. En casa vivíamos cada concurso con mucha expectativa y, por ello, cada resultado adverso también era motivo de gran desilusión. Tanto así que más de una vez le dijimos que dejara de intentarlo para evitarse nuevas frustraciones.

Pero él, terco, perseverante y disciplinado, volvía a inscribirse en el bendito concurso.

Hasta que en 1999 logró aquello que tanto deseaba y el 1 de julio abrió su notaría en la avenida Canadá, en el distrito de San Luis.

Desde aquel día hasta el pasado miércoles he sido testigo de la forma en que mi padre asumió el encargo de ser notario, con responsabilidad, integridad y, sobre todo, con buen humor.

Encontró una vocación que le permitió desarrollarse plenamente y, al mismo tiempo, brindar oportunidades a muchas personas que trabajaron a su lado a lo largo de estos años, incluyéndome, por supuesto.

La semana pasada realizamos una cena con todo el personal. Fue una experiencia de sentimientos encontrados, alegría por todo lo vivido y tristeza por la despedida.

Recordamos muchas de las experiencias que compartimos, algunas buenas y otras no tanto. El robo de los equipos de cómputo, el terremoto de 2007, la inundación de la oficina (se había ido el agua, algún gracioso dejó el caño abierto y tuvimos que acudir de madrugada a trapear), e incluso el enterarnos del «fallecimiento» y posterior «resurrección» de una señora en la página web de la Reniec, fueron solo algunas de ellas.

Hay algo que muy poca gente conoce. Desde el año 2009, casi un 20% de la planilla de la notaría estuvo conformada por personas con discapacidad. Por alguna razón que nunca nos terminamos de explicar, decidimos dar una oportunidad laboral a personas sordomudas en el área de legalización de libros contables y a personas con dificultades de movilidad en labores de digitación.

Hasta ese momento yo no era plenamente consciente del impacto que puede tener un trabajo digno (y formal) en la autoestima y en la calidad de vida de una persona. Incluso todo el personal recibió capacitaciones básicas en lenguaje de señas para facilitar la comunicación y la integración.

Con el paso de los años, aquella iniciativa nos permitió recibir diversos reconocimientos por buenas prácticas laborales, otorgados por el mismísimo Ministerio de Trabajo y otras instituciones.

Por eso creo que mi padre puede sentirse tranquilo con la labor realizada. No solo por el ejercicio de la función notarial, sino también por el servicio brindado a la comunidad y por haber aportado, aunque sea modestamente, a construir un país un poco mejor para vivir y trabajar.

Perdón por compartir un artículo tan personal y probablemente poco relevante para muchos lectores, pero quería contar este momento importante de mi vida, el cierre de una etapa y algunas de las lecciones que me deja.

Mi agradecimiento a todas las personas que laboraron en la Notaría Higa, a los proveedores, instituciones públicas y de la colectividad peruano-japonesa, vecinos, a la Municipalidad de San Luis, al Colegio de Notarios de Lima y, sobre todo, a los clientes que depositaron su confianza en mi padre.

Después de casi 3 décadas, la Notaría Higa cierra sus puertas. Quedan los recuerdos, las amistades, las enseñanzas y la satisfacción del trabajo realizado. Pero, por encima de todo, queda el agradecimiento, porque ningún proyecto de vida se construye solo. Gracias a todos mi papá es el hombre realizado (y jubilado) que es ahora.

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