“Las palabras del año pasado pertenecen al lenguaje del año pasado.
Las palabras del próximo año esperan otra voz”.
Las fechas “redondas” siempre son buenos momentos para detenerse, pararse al costado de la vereda y contemplar el camino recorrido. En este caso, ahora que el 2025 ya está concluyendo, vale mirar lo vivido en estos meses.
A poca semanas de cerrar, podría decir que fue un año con muchas emociones, de todo tipo:
- Dejé la presidencia de una institución. Me sentía agotado por tantas actividades y aliviado de dejar una responsabilidad tan grande, pero también era consciente de que me quedaron varias cosas pendientes por completar. Allí entendí que el cargo sí importa. Sin él, mi margen de acción se volvió muy limitado, casi solo a nivel de opinión. Fue una buena lección para aprender a soltar el control, aunque cueste.
- Acepté participar en una institución aún más grande y ha sido, y sigue siendo, un desafío de tolerancia, de crear buenos vínculos con nuevas personas y de adaptarme a procesos administrativos distintos. En pocas palabras: paciencia (hasta marzo) y buen humor. Solo espero no salir tan abollado por tantos egos inflados que encuentro por allí y que chocan con el mio.
- Me diagnosticaron hipertensión arterial, así que añadí, muy en contra de mi voluntad, dos medicamentos más a mi pastillero diario. He aceptado con resignación que las pastillas irán aumentando poco a poco con los años. ¿Habrá manera de detener eso? Quizá más ejercicios, más verduras, menos estrés. Lo cierto es que la vida me recuerda, a veces sin delicadeza, que mi cuerpo también exige cuidado como conté en esta columna, el nido quedó parcialmente vacío con la partida al extranjero de nuestra hija mayor para iniciar sus estudios superiores. Sabemos que es para su bien, que la está pasando chévere y que la tecnología nos permite hablar seguido, pero igual es un desafío emocional aceptar su ausencia en casa. Descubrí que el silencio de un cuarto vacío entristece, pero también habla del amor que hemos sembrado.
- Tuve la alegría de ver un libro mío volverse realidad. Gracias al Fondo Editorial La Unión, se editó y publicó ¿Has visto mi engrapador?, una historia sobre la implementación en una empresa de las 5S, el sistema japonés de selección, orden, limpieza, estandarización y disciplina para mejorar continuamente. Tener un libro propio entre manos es una sensación de logro difícil de describir. Ese pequeño objeto de papel me recuerda que las ilusiones, con un buen plan y buenos amigos, se pueden volver realidad.
- Lamentablemente, este año también se fueron algunos familiares muy cercanos. Viví momentos de profunda tristeza, que me hicieron reflexionar sobre nuestro paso por esta “vereda” llamada vida. Cómo desearía que los vínculos duraran para siempre, pero tarde o temprano nos toca despedirnos. Y debido a ello, lo mejor es disfrutar más aún las conversaciones y cada momento con las personas que queremos.
- Y, para no perder la costumbre nacional, casi sin previo aviso, cambiamos de presidente, dijimos adiós a un nuevo mundial de fútbol, seguimos con el triste récord de 4 mil celulares robados cada día y, aun así, sacamos pecho ganando el mundial de desayunos con el siempre glorioso pan con chicharrón. Este país es una montaña rusa, me indigna, me sorprende, me frustra y me hace reír… todo en un mismo día.
Al final, este 2025 me dejó cansancio, aprendizajes, alegrías, pérdidas, retos y certezas. Y la más clara es que, a pesar de todo, sigo de pie, intentando, dando en el blanco pocas veces y equivocándome casi siempre.
Y tú, querido y amable lector, ¿qué tal has pasado este año 2025?






