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Koki Higa: Consejos para estudiar en el exterior

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“Pídeles consejos a los viejos y a los jóvenes, pero sigue tu propio sentido común”.

(Proverbio árabe)

 

Hace unos días acompañé a mi hija a instalarse para iniciar sus estudios en el extranjero. Y, mientras la veía abrir sus maletas, no pude evitar ir atrás en el tiempo y recordar las veces que me tocó a mí vivir esa misma experiencia.

Aunque yo tenía algunos años más que ella cuando salí de casa, estoy seguro que la emoción es siempre la misma, ansiedad por lo desconocido, ganas de vivir lo nuevo, la ilusión de conocer personas y, sobre todo, el deseo de aprender.

Antes de despedirme, le compartí algunos consejos que me parecieron útiles, pero es recién ahora, frente a la pantalla, cuando logro ordenarlos y darles forma de recomendaciones. Ojalá le sirvan a ella y quizá también a quienes estén a punto de emprender un viaje similar.

  • Respeta las normas del lugar al que llegas.- Cuando era un distraído joven peruano en Japón me di cuenta de los hábitos que cargamos de nuestra cultura. Yo cruzaba las calles por donde quería y me paraba en medio de la escalera eléctrica sin pensar en los demás. Allá aprendí que las pistas se cruzan por las esquinas y que había que ponerse a la izquierda en las escaleras, para que quienes tuvieran prisa pudieran pasar. No era cuestión de ser “bueno o malo”, sino de entender que vivir en otro país requiere adaptarse. Por supuesto que cuando regresé al Perú volví a mis hábitos originales.
  • Aprende el idioma lo antes posible.- La primera vez que viajé a Nihon no sabía ni una palabra. En el avión a Narita me apresuraba a memorizar mi jikoshoukai (presentación personal). Estaba en nada. Descubrí a golpes que saber el idioma ayuda a desenvolverse mejor en la vida cotidiana y te salva de la soledad. Todas las mañanas estudiaba los benditos kanjis para que la mímica y la charada no fueran los únicos instrumentos para comunicarme.
  • Aprovecha el tiempo.- Luego de recibir mi horario universitario decidí que mis tardes y noches no podían quedarse vacías. Quizá era mi manera de evitar la nostalgia y la depresión. Asi que, muy acorde al “horror al vacío” de la cultura Nazca, iba los lunes al dojo de sanshin, los martes al de taiko, los miércoles a flauta, los jueves al aikidō, y los viernes a jugar fulbito, para luego chelear con la gente pichanguera. Cada actividad era una forma de llenar de vida las horas, de hacer que cada día contara y de conocer gente nueva.
  • Ten una actitud abierta.- Lo que más me ayudó a disfrutar estudiar en el exterior fue atreverme a experimentar lo nuevo, ya sean clases, lugares, comidas o deportes. No siempre salió bien, a veces me ensarté, como ese día en que me invitaron a un restaurante y descubrí, ya con el plato delante y caliente, que carajo todo estaba lleno de verduras. Pero incluso de esas sorpresas sale algún aprendizaje.
  • Busca buenos amigos, y sé uno también.- Esto es básico ya que un verdadero amigo es el que ríe contigo, pero también el que, si te pasas de tragos, no te va a dejar tirado en la vereda, sino que se asegurará de que llegues a salvo a tu dormitorio. La amistad, en tierras lejanas, se vuelve familia.

Creo que la mayoría de estas recomendaciones se las dije a mi hija antes de volver a casa. Pero también le recordé que lo que funciona para una persona, no siempre funciona para otra. Ella escribirá sus propios consejos, con sus personales vivencias, como yo lo hice en mi momento.

Y al final, entre mis abrazos que querían detener el tiempo, entendí que lo que más quería decirle no era un consejo como tal, sino un pedido simple para nunca olvidar su voz:

-Llámanos de vez en cuando, ¿sí?

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