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Koki Higa: Palabra con muchos significados (Parte 1)

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“En el idioma está el árbol genealógico de una nación.”

(Samuel Johnson)

En una reciente visita de unos familiares conversábamos, entre muchos otros temas, sobre la versión del idioma español que hablamos en el Perú.

En esa reunión intentábamos explicar, infructuosamente, los diversos significados que puede tener una sola palabra o expresión y que la mayoría de los peruanos podría deducir fácilmente dependiendo de la entonación y el contexto.

Muchos filósofos y lingüistas han afirmado que, para conocer la cultura de un pueblo, es indispensable saber cómo habla.

Así que me he animado a mostrar algunos de los variados significados de varias palabras de uso cotidiano. Ya me dirán ustedes cuántos usos más les damos en el día a día.

En este artículo empezaremos con “pues”.

Según la Real Academia Española, es una conjunción con diversos valores, entre ellos causal, consecutivo y continuativo. Para el peruano, sirve para todo:

. Afirmación.- “Sí, pues”. No es una simple afirmación, es una más suavizada, aterrizada y hasta inevitable. Es como decir, “Sí, así es”.

. Negación enfática.- “No, pues”. De la misma manera, no es una simple negación, hay una fuerza adicional. Es un “no” más categórico, como si la respuesta fuera evidente.

. Aceptación.- “Ya pues”. No es solo aceptar; puede implicar cierta concesión. Es aceptar después de una pequeña resistencia, “Está bien, hagámoslo”.

. Insistencia.- “Vamos, pues”. Convierte una invitación en una pequeña presión. Ya no es solamente “vamos”, sino “vamos de una vez” o “anímate, carajo”.

. Apuro.- “¡Apúrate, pues!”. Le agrega impaciencia. Da a entender que ya he esperado lo suficiente o que la otra persona debería estar actuando más rápido.

. Súplica.- “Ayúdame, pues”. Aquí hace que la petición sea más cercana y emocional. Puede transmitir necesidad, confianza o incluso cierta desesperación.

. Reproche.- “Te dije, pues”. No se limita a recordar que algo fue dicho. Lleva implícito un “te advertí y no me hiciste caso”, muchas veces después de que ocurrió justamente lo anunciado. Puede ir acompañado del inevitable “no ves, yo tenía razón”.

. Obviedad.- “Claro, pues”. Refuerza que algo resulta evidente. Es más que un simple “claro”: equivale a “por supuesto” o “¿cómo podría ser de otra manera?”.

. Resignación.- “Qué vamos a hacer, pues”. En este sentido, ayuda a cerrar una situación que ya no podemos cambiar. Expresa aceptación de la realidad, aunque no necesariamente estemos contentos con ella. Puede complementarse con el resignado y muy peruano “caballero nomás”.

. Fastidio.- “¡Ya pues!”. Distinto de un tranquilo “ya pues”, aquí el “pues” puede transformar un simple “ya” en una expresión de molestia o cansancio. Dependiendo del tono, puede significar “basta”, “déjame tranquilo”, “no insistas” o “terminemos con esta huevada”.

Estos son solo algunos de sus múltiples usos, pero hay muchos más. Y hay que tener en cuenta que todavía no hemos desarrollado la variante más peruana de “pues”, que se convierte en “pe”, dándole un tono más lastimero, patero o amiguero a cualquier expresión.

Cada vez que reflexiono sobre el lenguaje me parece casi mágico que las personas podamos entendernos unas a otras cuando nuestras palabras crean un verdadero arroz con mango de significados.

Quizás ahí radique precisamente la riqueza de un idioma. No solo en las palabras que utilizamos, sino en todo aquello que somos capaces de decir sin que esté escrito en ningún diccionario. Porque para entender cómo habla un pueblo no basta conocer sus palabras, hay que haber vivido entre ellas.

Y nosotros, en el Perú, hablamos así, pues.

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