Home Columnas Asociación Okinawense del Perú: «La pared en la AOP», Koki Higa

Asociación Okinawense del Perú: «La pared en la AOP», Koki Higa

444
0

“El cometa se eleva más alto en contra del viento, no a su favor”.
(Winston Churchill)

Tengo que confesar que sentí una enorme pena cuando vi el muro derrumbado del local de la Asociación Okinawense del Perú.

La Municipalidad de Ate, con la venia de la Municipalidad de Lima, inició un proyecto de ampliación de las vías del distrito, entre ellas la avenida Asturias, donde se encuentra el ingreso principal de la AOP.

Hasta allí todo ok. Tanto las instituciones como los ciudadanos debemos respetar las normas y los planes de desarrollo urbano. Incluso, desde la adquisición del terreno existía el conocimiento de que, en algún momento, esa vía podría ser ampliada.

El problema no es la obra en sí, sino la manera en que se inició. Según ha informado la institución, no existía una delimitación correcta de los 56 metros de ancho previstos para la vía, por lo que la ocupación del terreno se realizó de manera apresurada, sin una medición establecida y sin seguir el procedimiento legal correspondiente.

Además, nuestra legislación indica un proceso para la afectación de un inmueble destinado a una obra pública. Cuando ello ocurre, el Estado debe pagar al propietario el justiprecio del área afectada, calculado sobre su valor comercial.

Antes de que todo sucediera, la directiva de la Asociación remitió las comunicaciones correspondientes a las autoridades solicitando aclaraciones. Sin embargo, no obtuvo respuesta.

En cambio, salieron por allí afirmaciones equivocadas, llegando a decirse que la AOP había invadido ese espacio y que la municipalidad, en un supuesto acto de recuperación del patrimonio público, estaba restituyendo lo que le pertenecía.

Nada más lejos de la realidad. La propia municipalidad había otorgado la licencia para construir ese muro y, durante años, cobró el impuesto predial por esa área. ¡Qué tal ostra!

Perdón por convertir esta columna en una especie de manifiesto, pero no puedo guardar silencio frente a una situación que afecta mi emotivo espíritu uchinanchu.

Sin embargo, quienes conocen la historia de Okinawa saben que la isla ha aprendido, una y otra vez, a levantarse después de la adversidad. Basta recordar algunos episodios que marcaron profundamente nuestra historia, tales como la Batalla de Okinawa (1945), uno de los enfrentamientos más devastadores de la Segunda Guerra Mundial, que dejó una isla prácticamente destruida. Pese a ello, Okinawa logró reconstruirse con esfuerzo y dignidad.

Luego se vivió una prolongada administración americana (1945-1972), durante la cual gran parte del territorio permaneció ocupado por bases militares. A pesar de las dificultades, la identidad, la cultura y las tradiciones okinawenses sobrevivieron y continuaron fortaleciéndose.

Otro hecho fue la emigración masiva de los okinawenses, quienes, obligados por la pobreza y la falta de oportunidades, partieron hacia países como el Perú, Brasil, Argentina o Bolivia. Lejos de su tierra, construyeron nuevas vidas sin perder sus raíces, dejando un legado de trabajo, solidaridad y perseverancia.

Por eso, este evento, por difícil que sea, también será superado.

Mucho ánimo a la directiva de la Asociación Okinawense del Perú. Sabemos que no son momentos sencillos, pero también sabemos que están actuando con responsabilidad para defender los derechos de la institución por las vías que corresponden.

Nuestros antepasados nos enseñaron que la fortaleza no consiste en evitar las dificultades, sino en encontrar la manera de seguir adelante, porque los muros pueden caer, pero jamás caerán los principios, la historia ni el espíritu de una institución construida durante generaciones.

¡Ganbatte, AOP!

Previous articleRinitis alérgica y asma: diferencias, síntomas y cuándo acudir al médico
Next articleVidente Kazuko: “Desde niña curaba a mis familiares” / TAROT/BUTSUDAN/SANACIONES

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here