“La política es el arte de servirse de los hombres haciéndoles creer que se les sirve a ellos”.
(Louis Dumur)
No suelo leer noticias y de las pocas que me entero una que otra llama mi atención. Entre ellas quisiera comentar la que nos habla de nuestro joven e inexperto presidente que se reunió encapuchadamente con un empresario chino en el chifa Xin-Yan de la Av San Luís, en San Borja.
Por “coincidencia” ese empresario/lobista tenia vínculos comerciales con varias empresas proveedoras del estado, la clásica.
Cuando es ampayado y cuestionado dice que le gusta el arroz chaufa de ese lugar, que el ciudadano chino es su pata, su broder, su causa y que disfrutan juntos también del tipakay.
De allí me surgen tantas preguntas que sería hasta insultante hacérselas al mandatario. Aqui suelto algunas:
Si no tenía nada que ocultar ¿por qué va con su capucha y a esas horas inusuales?.
¿No sería mejor que se reuna con él en el palacio de gobierno y punto?
Si tiene cosas que ocultar, ¿cómo es posible que sea tan descuidado e ignore que de todas maneras alguna camara fija o celular lo va a captar, ¿tiene poca inteligencia o se hace?
¿No revisa el presidente o sus asesores los antecedentes y actividades de las personas con las que se va a reunir? Lo puede poner en Google y saber si le conviene o no que lo capten con esa compañía.
Ya está el suficiente tiempo en política como para saber que un error de esos le puede costar la cabeza. Repito, ¿es o se hace?
Y la pregunta más importante de todas, ¿cómo se le ocurre preferir ese arroz chaufa y no haber mencionado siquiera otros chifas más relevantes, llámense Hou Wha, O Mei (espectacular) o el Hakka en el mismo San Borja. ¡No pues! Eso sí le podría costar un juicio inmediato por su mal gusto gastronómico. Quizá en todos los anteriores cuestionamientos pueda alegar la presunción de inocencia, pero que ignore la sazón de otros restaurantes chinos, eso sí que no.
Aunque en el Perú el cambio de presidente es casi ya una rutina, eso no significa que lo celebremos y que no nos afecte. Por el contrario, cambiar todo un grupo de personas al mando de los ministerios y las entidades publicas entorpece enormemente el funcionamiento de esta “burrocracia”. Se quedan parados un montón de proyectos, inversiones, soluciones, carreteras, colegios, leyes, etc.
Pero eso parece importarle poco o nada al (aún) presidente y el prefiere irse en la noche, a oscuras y medio disfrazado a degustar un arroz chaufa con su pata Johny, que imaginamos debe tener una mano extraordinaria con el wok, el shoyu y la cebollita china, entre “otros” ingredientes. Eso si, habrá que preguntarle si fue de pollo, chancho o langostinos. Por estos últimos (al igual que mi hermana, quien los adora) yo sí dejaría hasta mi puesto de presidente y mi pensión vitalicia.
¡Arriba Perú!






