“Hay momentos en la vida de todo político, en que lo mejor que puede hacer es no despegar los labios”.
(Abraham Lincoln)
¿Qué sentiría el gran autor peruano Cesar Vallejo si viviera hoy y leyera su nombre en la primera plana de los periódicos del kiosko de la esquina?
¿Estaría orgulloso, feliz, contento?
Probablemente no.
Debería haber una norma que prohíba el uso de nombres propios para fines comerciales (ojo que la educación es un servicio y por ende un acto comercial).
Pobre Vallejo, debe estar muriendo nuevamente con aguacero, pero no en París sino en el cono norte.
Y me tomaré la libertad de recrear algunos párrafos de su más famoso poema:
Hay tesis en la vida, tan falsas… ¡Yo no sé!
Tesis como del odio de Dios; como si ante ellas,
la resaca de todo lo plagiado se empozara en el alma… ¡Yo no sé!
No son pocas; pero son… Abren maestrías oscuras
en la congresista más fiera y en el apellido más fuerte.
Hay tesis en la vida, tan copiadas… ¡Yo no sé!
Yo, que de vez en cuando leo las noticias, me entero (para variar) que una ilustre y distinguida miembro de nuestro prestigioso e inmaculado Congreso presentó una tesis para su grado de maestría con una similitud del 81% con respecto a otra tesis anterior.
Ante ello, lo que atinó a responder nuestra digna representante es que en su época no había el software Turnitin que detectaba el plagio (¿?) y que la culpa fue de su asesor de tesis porque ella era solamente una alumna (¿?). Realmente increíble el nivel ético e intelectual de nuestros padres/madres de la patria.
No entiendo qué tiene que ver la existencia o no de un programa que detecte la copia para determinar si su actuar fue correcto o no. Esa congresista al momento de redactar su tesis “simplemente” extrajo muchas páginas completas de otro trabajo y lo firmó como suyo. El que no exista una tecnología que lo detecte no la libera de responsabilidad.
La persona que presenta una tesis es el alumno. Un asesor de tesis está allí para brindar consejo y guía dada su mayor experiencia académica. De ninguna manera será el responsable final de lo que haga el alumno, siendo este último quien debe de redactar, corregir, imprimir, hacer la carátula, empastar, ir a la mesa de partes, cumplir con las reglas ortográficas, saber el formato para citar fuentes, etc. ¿Cómo es posible que alguien le eche la culpa a su asesor por lo que uno mismo ha escrito y presentado?
Por eso me da un poco de pena el sr. Vallejo.
Desde hace buen tiempo su apellido está asociado a un supuesto servicio educativo poco riguroso y últimamente a tesis plagiadas que poco o nada aportan al conocimiento universal.
Me imagino que hasta el mismo Paco Yunque querría lanzar un yunque para que cambien el nombre de esa universidad.
¡Arriba el Perú!






