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Koki Higa: Yotsudake

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“El baile es escultura en movimiento”.
(Sorell)

Con la laptop abierta frente a mí, estoy sentado en el comedor de mi departamento pensando sobre qué tema escribiré en esta columna.

Tengo varios en mente, sobre las folclóricas elecciones que muy pronto se nos vienen, mis tres peculiares gatos o la alegría que sentí cuando develaron mi foto como ex presidente de una institución hace unas semanas.

Acerca de esos temas y otros más escribiré en siguientes entregas.

Hoy quiero comentarles que en la sala tenemos un piano de pared y encima de éste un ánfora de vidrio que protege una muñeca okinawense danzando “Yotsudake”.

La veo desde aquí y puedo recordar lejanamente que aprecié ese baile por primera vez hace muchos años, en alguna actuación de mis ojisan y obasan. Probablemente no le presté mayor atención.

Luego, cuando empecé a tocar sanshin, la pude disfrutar un centenar de veces y en cada una de ellas me quedaba pasmado por su andar cadencioso y armónico.

Le dejo una foto y unos datos que puedan ilustrarnos:
La canción recibe el nombre de “cuatro bambúes” haciendo referencia a las pequeñas maderas que traen las danzantes en sus manos, con los que llevan el ritmo durante toda la interpretación.

Me he enterado de que viene de la época del Reino de Ryukyu (antes de 1879), entre los siglos XV y XIX, cuando Okinawa era un reino independiente y comercializaba con China, Corea y el propio Nihon principalmente.

Era interpretado como una danza clásica cortesana (koten) para recibir a autoridades, embajadores y visitas extranjeras. Hoy en día también es una canción que generalmente se presenta en las actuaciones de la Asociación Okinawense del Perú.

Lo que llama la atención es su vestuario compuesto de un kimono estampado de flores, tsurus y paisajes con colores muy vivos. El sombrero “Hanagasa” es grande, circular, cubierto de tela roja y decorado con flores azules, amarillas y verdes. Simplemente impresionante y hermoso. Lo complementan el obi o faja y por supuesto los bambúes en la mano.

También se le conoce con el nombre de “Udui Kuadisa” que textualmente sería una danza (udui) para celebrar y dar la bienvenida (kuadisa).

Su letra, corta y precisa, nos invita a disfrutar el momento en un ambiente de paz y armonía, a celebrar la belleza de la naturaleza de Okinawa con sus flores, mar y cielo, a recibir con hospitalidad a los presentes y a reconocer la felicidad compartida en el tesoro de una larga vida (nuchidu takara).

Sonrío.
Recuerdos de mis abuelos se mezclan con mis días de estudiante en la Universidad de Artes, junto al Castillo de Shuri. Siento el sanshin entre mis manos, sigo el ritmo de los bambúes, miro esa muñeca y escucho una melodía que me envuelve en paz y serenidad.

En medio de este mundo que corre a mil, el Yotsudake me recuerda que la belleza también está en detenerse, respirar y dejar que el corazón baile al compás de cuatro bambúes y de toda una historia que sigue viva en nosotros.

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