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Koki Higa: «El nido vacío»

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“Estamos solos, vivimos solos y morimos solos. Solo a través del amor y la amistad podemos hacernos la ilusión, por un momento, de que no estamos solos”.
(Orson Welles)

Muchos de los lectores de este periódico deben de haber experimentado el titulo de esta columna.

Podría decirse que es una etapa más de la vida. Una pareja se casa, viven juntos, vienen los hijos, los crían, van al nido, van al colegio, van a la universidad, van al trabajo y luego… se van.

Durante al menos un par de décadas los padres agendan su vida alrededor de sus hijos. Casi todas sus actividades dependen de los que ellos necesiten o quieran. Llevarlos a un montón de lugares, matricularlos a clases, recogerlos de fiestas, comprarles ropa y una interminable lista de etcéteras.

Pero luego, casi sin notarlo, esos hijos han crecido y se independizan. A veces se quedan en la misma ciudad y otras se van lejos. Y en un abrir y cerrar de ojos todas esas rutinas y labores de padres se desvanecen. El nido vuelve a su formación original, una pareja, pero ahora con algunos años más.

Me surgen algunas preguntas sobre esta nueva etapa, que tarde o temprano llegará:
● ¿Qué hacer con ese tiempo “libre” que vuelve a aparecer?
● ¿Qué tan facil o difícil es adaptarse a la “nueva” vida en pareja?
● ¿Cuánto dura esa sensación de vacío que dejan los hijos cuando parten?
● ¿Es válido que la pareja disponga del 100% de los recursos que han acumulado/ahorrado o deberían de pensar en “dejarle” algo para sus hijos?
● ¿Están los hijos realmente en la obligación moral de cuidar a sus padres?
● ¿En qué momento dejaremos de ser los que dan consejos para empezar a recibirlos?
● ¿Se debería de dar otro uso a los cuartos de los hijos o mantenerlos así como estan?
● ¿Será buen tiempo para una mascota?
● ¿No será el nido vacío una invitación a cada uno a que también realice sus propios proyectos de vida?

Aunque todavía me es muy pronto para escribir sobre ello (en unos cuantos años más tendré mayor experiencia), pensaba en esto cuando un sábado en la tarde/noche no había absolutamente ninguna actividad relacionada a nuestras hijas.

En ese momento se va recreando la relación de pareja. Le pregunto a mi esposa si tiene algún plan personal para ese día, si así fuera, ¿qué podría hacer yo solo? ¿Ir al cine, al teatro, comprar en el supermercado, quedarme leyendo, descansando o viendo fútbol? Y si hacemos algo juntos, ¿a dónde iríamos? ¿Tenemos aún gustos comunes? ¿Los hemos conservado en todos estos años? ¿Ya no hay nada que nos guste a ambos? ¿Disfrutamos el tiempo juntos o nos hemos olvidado de cómo era?

Ese sábado nos fuimos al cine a ver una película y nos comimos una tonelada de canchita.
Pienso que el ser humano es una animal de costumbres asi que nos iremos adaptando a cada una de las nuevas circunstancias (inclusive cuando el hogar se quede ya sin hijos e inclusive sin pareja), pero también quiero que la nostalgia sea parte de mi vida y que los recuerdos regresen de vez en cuando al presente.

Y ustedes queridos lectores, ¿cómo vivieron, viven o creen que vivirán esa etapa? ¿Qué otras preguntas (y respuestas) les surgieron?

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