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Miguel Angel Higa Kameya: “Sanar la relación para cambiar el destino”

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Miguel Higa es coach ontológico y espiritual. (FOTO: DIFUSIÓN).

Tuve una adolescente que terminaba el 5to de Secundaria y tenía ciertos problemas emocionales, ella creía que era un karma, porque su mamá tenía las mismas condiciones, pero lo que realmente era un conflicto de aceptación, de baja autoestima. 

Su mamá tenía hijos de una relación reciente y ella se sentía abandonada y relegada por los hijos y su nueva pareja. Sentía que era recogida, abandonada pues su mamá no le tomaba atención y tampoco le dijo quién era su padre, solo le comentaba que era un hombre bueno.

La mamá era egoísta porque solo se preocupaba por ella misma. Y en la pandemia sintió un desplazamiento mucho más fuerte y gracias a un amigo, me contactó para conversar.

Había alguna resistencia por cuanto no contaba con dinero pues creía que la conversación era pagada pero mi primera sesión o encuentro es gratuita para que me conozcan y al menos les pueda dar un primer diagnóstico de lo que se puede trabajar.

Al tener ese primer contacto, me contó los antecedentes que mencioné anteriormente y que le ayude a conocerse, a entenderse, que no lograba orientarse y peor aún no sabía qué carrera estudiar, pues se preparó para una carrera y no lograba ingresar.

Tenía también problemas económicos y por ello no podía postular a la Universidad que realmente quería. Por eso, me contaba que tuvo que buscar a su “papá” que la crió como si fuera su hija porque el biológico estaba desaparecido. Este “papá” porque así lo llamaba, era una de las parejas que tuvo su mamá y que se separaron posteriormente.

Ahí me confesó que, si bien es cierto, se separó de su mamá, de vez en cuando, le enviaba dinero para sus gastos y estaba al pendiente de ella. En todo este episodio de inestabilidad económica, le pidió que le ayudara con la postulación y gastos de la universidad que quería y sin dudarlo, este “papá” la ayudo inmediatamente.

Pasó el tiempo y algunas sesiones ya de coaching y tomé la decisión de conversar con la mamá, claro, con autorización de ella. Nada se hace en coaching sin el permiso del paciente. Conversé con la mamá y noté que había un ambiente tenso. Que su relación matrimonial era conflictiva entre la familia del esposo y la mamá y en medio del problema estaba ella y que, por consiguiente, la mamá estaba al lado del esposo y su familia, alejando a su hija quizás para protegerla.

Le comenté a su mamá, las carencias que sentía su hija. Le pedí que converse más con ella, que sea compañera, que sepa escucharla, que no trunquen sus sueños ni la posibilidad de estudiar lo que ella quiere.

Es cierto que a veces no se puede pagar alguna universidad que la hija quiere, pero no se le debe decir “no se puede”, jamás. Siempre hay una salida y la esperanza es que lo que debemos de fomentar en nuestros hijos.

La mamá junto a su pareja, comprendieron la situación y decidieron ayudarla, hoy ella estudia en una universidad particular cursando el 9no ciclo con buenas calificaciones y grandes satisfacciones personales y familiares.

Su mamá entendió que es importante el lenguaje “yo”, que es importante decir “me duele”, “siento”, etc. porque así la otra persona entiende que eres ser humano. Pero, de ninguna manera, “manipular” la situación a beneficio propio.

Los padres deben entender que las brechas generacionales existen y muchas veces son muy distantes pero los sentimientos entre padres e hijos son los mismos.

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