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Koki Higa: El fútbol una religión

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“Mucha gente piensa que el fútbol es un juego a vida o muerte, pero es mucho más importante que eso”.

(William Shankly)

Desde hace unos días tenemos ya nuevamente, luego de cuatro años, el Mundial de Fútbol. Esta vez jugándose en México, Estados Unidos y Canadá, y congregando a 48 países. Yo tendré que conformarme con hacer barra, otra vez carajo, por las selecciones sudamericanas.

Pienso en el fútbol y no puedo evitar compararlo con una religión. Son dos de los movimientos humanos más multitudinarios que existen y, a veces, hasta me confunde cuál de los dos les da más sentido a nuestras vidas. O quizá el fútbol sea ya una nueva religión.

Aquí comparto algunos puntos que hacen válida esta similitud, tomados de un video del canal Decode de YouTube, corriendo el riesgo de ser declarado blasfemo:

  • Los rituales y las liturgias.- Ir a un partido de fútbol es comparable a ir a misa. En ambos espacios millones de personas repiten las mismas conductas: se ponen ropa parecida, cantan himnos o canciones específicas según el momento del evento, ya sea durante la comunión o cuando los jugadores salen a la cancha.
  • Las reliquias y los amuletos.- Las reliquias de los santos o personajes religiosos son comparables a los objetos vinculados al fútbol. Cosas “normales”, como una bufanda, una camiseta o una entrada histórica, se llenan de significado y valor emocional por lo que representan. Se llega incluso al punto de que, cuando se remodela un estadio, algunos hinchas se llevan pedazos de grass o ladrillos como si fueran reliquias sagradas. Hay estadios que hasta tienen columbarios, porque algunos fanáticos desean que sus cenizas descansen junto al club de sus amores.

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  • Héroes y santos.- Así como las religiones tienen figuras veneradas, el fútbol eleva a sus jugadores históricos a la categoría de mitos compartidos por la comunidad. ¿No son acaso venerados Lolo Fernández en la “U” o César Cueto en Alianza? Ni qué decir de Maradona en Napoli o Di Stéfano en el Real Madrid. Estoy seguro de que más de uno tiene sus estampitas.
  • Viajar a otra ciudad o país para apoyar al equipo como visitante se asemeja mucho a una peregrinación religiosa o a las cruzadas. Hay un destino específico, un viaje devocional que se realiza sin importar la distancia ni las dificultades. Durante el trayecto se entonan cánticos y rezos futboleros como si fueran oraciones.
  • La experiencia del “nosotros”.- Al cantar, moverse y sufrir juntos, las personas dejan en pausa su desconfianza natural. El “yo” desaparece para convertirse en un “nosotros” conectado a algo más grande. Un gol se celebra con el del costado, el de adelante y el de atrás. Sin saber sus nombres, todos se funden en un abrazo fraterno, histérico y lloroso. Basta recordar el gol de Farfán rumbo a Rusia 2018. De forma parecida, los fieles en un templo dejan de lado sus diferencias para unirse en un solo rezo compartido entre lágrimas y abrazos.

Ya empezó nuevamente el máximo evento del fútbol y vuelven a aparecer todas nuestras pasiones y emociones para luego, al día siguiente, volver a la vida cotidiana como si nada hubiera pasado, inclusive hasta en eso se parecen este deporte y la religión.

Las religiones prometen eternidad. El fútbol apenas ofrece noventa minutos. Y aun así, millones organizan sus vidas alrededor de ambos. Quizá porque el infinito, a veces, cabe en un pitazo.

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