“Vota a aquel que prometa menos. Será el que menos te decepcione”.
Este año 2026 es electoral.
Y ya sabemos que tendremos más de 30 personas queriendo ocupar el mayor cargo de nuestra excesiva burocracia. Son un huevo de candidatos y la cédula será del tamaño de una sabana.
¿Se imaginan el debate en el que cada uno tenga nada más que 2 minutos?
No digo que se restrinja al ciudadano a querer ejercer su derecho de postular libremente, pero todos nosotros ya sabemos en qué va a acabar esto (la estadística no miente): la gran mayoría de ex-presidentes desde el año 1985 han acabado presos o enjuiciados por corrupción.
Sigo convencido de que la mejor forma de elección que nos queda es la demarquía (ya antes escribí sobre ello). Es decir, que se realiza por sorteo o al azar.
Deberíamos de tener los nombres de los 30 candidatos escritos en papeles. Se chocolatean en un ánfora, le piden a un niño que se acerque, meta la mato y saque un papelito. Leen el nombre y listo, ya tenemos nuevo presidente. Teóricamente no sería ni el más inteligente de todos, pero tampoco el más bruto. El promedio en todo, inclusive en valores.
Luego de analizar a las personas que han pasado por ese cargo (Castillo, Humala, Toledo, etc.), alguien elegido al azar no creo que sea tan exageradamente peor.
Teniendo una gran probabilidad de que el resultado de estas elecciones sea el mismo, es decir un mal presidente (no por el hecho de ejercer un voto va a mejorar la calidad del producto final), el hacer una designación por sorteo nos ahorraria un monton de dinero en campañas, tiempo y sobre todo dejaríamos de escuchar las tamañas tonterías que se profesan como promesas electorales.
Con tal que no toquen la política monetaria, que es lo que llama o evita la inflación en un país, estaríamos relativamente tranquilos. Y si de casualidad nos tocara una persona mínimamente sensata, con un pensamiento liberal y con ganas de un Estado reducido, ya tendríamos el mejor de los mundos.
Sobrevaloramos el supuesto “sentido común” del pueblo. No tiene ningún “sentido” y es muy “común”. Si no, recordemos que la última vez elegimos al señor Shiro, quien estaba más perdido que Adán buscando a su mamá en todas las materias del gobierno.
Pero lamentablemente nada de esto ocurrirá, así que debemos prepararnos para que este año vuelva el circo de la Chilindrina, Kiko, Carpa Grau y los hermanos Gasca, todos juntos, disfrazados en una treintena de postulantes dispuestos a hacer lo que sea para convencernos de entregarles nuestro preciado y poco importante voto.
Avisados estamos.
Vayamos comprando canchita y protectores de oídos contra mentiras y solamente recemos para que quien salga electo se preocupe de lo importante: seguridad ciudadana, obras públicas sin corrupción y una oportuna administración de justicia con reglas claras. Lo demás es lo de menos.
¡Se adelantará la temporada de circo para abril, que Dios nos agarre confesados!






